Del Amor en las Letras…

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por:Víctor Barrera Enderle

    “¿Qué se ama cuando se ama…?”, el célebre verso de Gonzalo Rojas conlleva una fuerza múltiple que va más allá de las normas de composición y de las cadencias melódicas de la poesía. Este cuestionamiento ha sido, en Occidente,   tema de innumerables disquisiciones filosóficas y de las más variadas creaciones artísticas. La imposibilidad de otorgarle una sola significación al amor confirma su condición: no es una esencia atemporal, sino un concepto que ha evolucionado en el tiempo.  Ni  Homero ni  Sófocles, por mencionar a algunos de los autores clásicos, se preocuparon mucho por la cuestión del amor. Hablan del destino, de pasiones, de revelaciones: no podemos escapar a lo que otras voluntades han decidido por nosotros.   A Platón y a Aristóteles les interesaba más la índole de la amistad que la naturaleza del amor. En el Banquete, Platón se ocupa de definir las pasiones amorosas destacando sus posibles virtudes cívicas, por ello, de todos los discursos que se pronunciaron en casa de Agatón en honor a Eros, el filósofo defiende la visión de Sócrates y rechaza el enfoque de poetas y médicos. La manera adecuada de acercarse al amor y sus manifestaciones, nos dice el célebre personaje, es ascendiendo hasta la comprensión de la Belleza en sí.  Esta visión se reafirma y expande  en otra de sus obras: “Fedro o del amor”.  

      La idealización del concepto se expandió durante siglos y tuvo en el amor cortés su máxima expresión. El amor como forma de purificación y el distanciamiento físico como prueba de su intensidad. Beatriz y Laura, las musas de Dante Alighieri y  Petrarca, serían representaciones (proyecciones) de esta forma amorosa.  El Renacimiento hizo de la imposibilidad del amor una vigorosa forma de tragedia, resaltando con ello su énfasis en lo individual. Romeo y Julieta anticipó todo un género artístico  que iría creciendo siglo tras siglo hasta llegar a la cumbre con el romanticismo. Conquistar un corazón sería una empresa tan difícil y peligrosa como conquistar un continente.

      La pasión amorosa inflamó las páginas y los lienzos de innumerables obras. Los amantes se volvieron heroicos y lucharon y murieron por conseguir sus fines.  El amor, como producto cultural, atrajo multitudes y la futura llegada de los medios masivos de comunicación canalizaría esa atracción. De la excepción al lugar común, de la rebeldía a lo modélico, el amor, como concepto y como tema artístico y literario, se  ha negado a la petrificación. La pregunta del poeta sigue siendo válida y ahora podríamos formularla así. “¿qué se ama cuando se ama en tiempos tan turbulentos como éstos?” Le toca a cada quien buscar una posible respuesta.

 

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