Estudio sobre la conformación del género. Análisis y crítica actual

Foto: Natalia Ceballos

Ruby Hernández Castillo, estudiante de la carrera de Antropología de la Universidad Humanista de las Américas, Monterrey, Nuevo león. México.

Todos sabemos que la humanidad tiene dos variantes principales: hombre y mujer. Puesto que la mayoría de las diferencias existentes entre hombres y mujeres pueden reflejar expectativas culturales y experiencias, muchos investigadores prefieren hablar de diferencias de género[1], reservándose el término diferencias sexuales para las puramente biológicas. Desgraciadamente las influencias culturales y biológicas no siempre están claramente definidas, por lo que a veces es difícil saber qué término usar. Siempre y cuando las sociedades traten de forma diferente a hombres y mujeres, no seremos capaces de separar los efectos de la biología de los efectos de la cultura, y ambos pueden estar presentes.

Dentro del tema  sobre  el papel del género es importante destacar las actividades productivas y domésticas, mismas que construyen la identidad de cada uno, dentro de un marco teórico de la antropología y demás ciencias, se destacan varias explicaciones que fundamentan  las asignaciones  de las sociedades a la división del trabajo según hombre-mujer. Debido a estas normas de asignación, claramente influenciadas por los factores culturales, hablamos de ellas como roles[2] de género. Resultando de particular interés  la división del trabajo, realizada en muchas sociedades de manera similar, y la pregunta que podría surgir es: ¿por qué hay patrones universales o casi universales para tales divisiones?, para esta clase de preguntas existen teorías que individuales o combinadas, parecen explicar mucho sobre esta división, pero no satisfacen por completo, puesto que cubren una parte de estos fenómenos sociales. Presento algunas a continuación:

Teoría de la fuerza: la mayor fuerza de los hombres y su superior capacidad para movilizarla en explosiones rápidas de energía (por su mayor y su superior capacidad para el trabajo aeróbico) han sido comúnmente citadas como la razón para los modelos universales en la división del trabajo según género. Pero esta teoría de la fuerza no es totalmente convincente, puesto que no explica fácilmente todos los patrones observados en nuestra sociedad o en cualquier parte del mundo;  puesto que hay hombres que realizan trabajos que no exigen mucha fuerza física, sin contar cuántas mujeres  realizan un trabajo que demanda una fuerza equivalente a la ejercida por los  hombres, considerando que fisiológicamente tendrían que requerir un esfuerzo mayor;  claro que existen límites de los cuales la mujer administra la fuerza y su empleo para lograr el objetivo deseado, debido a esto, la teoría no se cumple por completo.

La segunda teoría es la llamada Teoría de la compatibilidad con el cuidado de los niños. Esta teoría puede explicar por qué las mujeres no están relacionadas otras actividades más que con el  cuidado de los niños; ya que algunos de los trabajos podrían resultar peligrosos para los bebés que aún lactan, en ciertas  sociedades ésta continúa hasta los dos años y medio; otra posible razón dada es debido a la asignación del mantenimiento de la sobrevivencia del bebé, añadiendo a la vez, el por qué  los hombres parecen asumir ciertas tareas en sociedades con especialización a tiempo completo.

Otra teoría surgida para ayudar a entender estos patrones es la teoría de la economía del esfuerzo, ésta señala que es ventajoso,  si los hombres trabajan por ejemplo en la tala de árboles (que a la vez esta actividad resulta peligrosa para cuidar al mismo tiempo a un bebé o niño) que aprendan por su frecuente manejo de la materia sus propiedades, y así poder transformarla hacia  su talla o uso particular, ésta teoría sugiere que resulta ventajoso para un género realizar las mismas tareas que estuvieran próximas unas a otras, de esta manera si las mujeres tienen que estar cerca para el cuidado de los niños pequeños, sería económico para ellas ejecutar otras tareas que estuvieran localizadas dentro o cerca del hogar.

Hoy en día es cada vez más difícil poder cumplir con criterios de trabajo solo para mujeres o solo para hombres, pues la necesidad que impera el cuidado, el mantenimiento, la economía y las exigencias de la sociedad, orillan a la mujer que vive en desventaja de la ayuda de un compañero, a realizar actividades  más igualitarias a las que podría realizar un hombre, por ejemplo hemos visto mujeres conduciendo un autobús, mujeres en la construcción, o teniendo dobles jornadas de trabajo y complementando con las labores básicas para un hogar limpio y funcional ( y donde a la vez paga a otra mujer para que cuide de sus o su hijo). Esto claramente exige un esfuerzo físico y mental que “superaría la fuerza física de la mujer esperada” pero  ha sabido explotar como parte de sus facultades y capacidades para la sobrevivencia de ella y sus hijos en la sociedad actual.

La siguiente teoría es la de la prescindibilidad, indica que en una sociedad los hombres tenderán a hacer el trabajo peligroso antes que las mujeres, pues son más prescindibles reproductivamente.

Hablando en términos generales, en nuestro mundo contemporáneo (bajo criterios específicos) ciertas teorías no son consideradas como  universales, forman parte de patrones culturales tradicionales que se han ido arrastrando de tiempos atrás como respuesta a la carencia tecnológica, y como resultado, derivó la creación de estos desempeños en roles de género, pero queda por  conocer y entender que ya contamos con los suficientes avances tecnológicos y estructurales  sociales que faciliten la desaparición de esta estricta división de género, que permite  a la mujer desempeñarse personalmente en lo que desee para su propia satisfacción, sin tener que estar bajo normativas ancestrales y heredables de restricción.

Lamas (2002:33) señala que: “se puede sostener una división básica que corresponde a la división  sexual del trabajo más primitiva: las mujeres paren a los hijos y, por lo tanto, los cuidan: ergo, lo femenino es lo maternal, lo doméstico, contrapuesto con lo masculino, que se identifica con lo público. La dicotomía masculino y femenino, con sus variantes establece estereotipos, las mas de las veces rígidos, que condicionan los papeles y limitan las potencialidades humanas de las personas al estimular o reprimir los comportamientos en función de su adecuación al género.”

A continuación presento puntos esenciales de las estadísticas del  Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES)  donde  muestran un alto índice de desigualdad de género, como respuesta a esto se enuncia  la urgente resignificación de los patrones culturales existentes en el sistema que nos rige y del cual vamos construyendo día con día;  somos responsables tanto hombres como mujeres de establecer un cambio que beneficie y encamine hacia una mejor calidad de vida, más equitativa,  y llena de paz para la humanidad.

Según los datos de la Encuesta sobre la dinámica de las Relaciones en los Hogares[3], con el propósito de presentar información estadística que permita plantear, hasta donde sea posible, cuál es el impacto de los estereotipos y de los roles de género en algunos ámbitos sociales en nuestro país, así como un acercamiento a  los estereotipos de los roles de género que más prevalecen:

¨       Respecto a la opinión de las mujeres, 43 por ciento de las mujeres que no sufre violencia contestó que “una buena esposa debe obedecer a su pareja en todo lo que el ordene”; sin embargo, entre las que sufren violencia por parte de su pareja, la proporción es menor, 36 por ciento. Esto podría evidenciar que la obediencia hacia el esposo genera menos violencia en la pareja, además de constatar que la asignación de estereotipos sigue en vigencia en nuestra sociedad.

¨       Otro aspecto que se investigó por medio de esta encuesta fue el grado de libertad personal de las mujeres entrevistadas, en donde se encontraron también datos significativos; por ejemplo que las mujeres que padecen  violencia recurren en mayor medida a “pedir permiso” al esposo o pareja para hacer determinadas actividades relacionadas con su independencia, en comparación con aquellas que no sufren violencia. Cuando se trata de “pedir permiso para trabajar por un pago remunerado”, la proporción representa a las que no sufren violencia es de 35 por ciento, y las de mujeres agredidas 41 por ciento.

Estos aspectos muestran claramente que los estereotipos de género afectan en gran parte a las mujeres, quienes siguen tolerando que el esposo o pareja manipule en buena parte sus actividades de recreación y otorgándoles el papel de “autoridad”. A la vez es una manifestación de que hombres y mujeres siguen alimentando.

¨       A la afirmación de “el hombre debe de responsabilizarse de todos los gastos de la familia 7 de cada 10 mujeres contestó que sí.

¨       Seguido de la pregunta ¿la mujer tiene la misma capacidad que un hombre para ganar dinero?, 79 por ciento contestaron que sí, mientras que 21 por ciento afirmaron que no.

Por mencionar sobre las actividades domésticas y el uso del tiempo,  aquí es donde se vislumbran  claramente los roles y estereotipos de género construidos por nuestra cultura a lo largo de la historia, y que se producen día con día.

¨       Una reflexión basada en este segundo estudio es que las mujeres, independientemente de que trabajen o no  en actividades remuneradas, participan en mayor medida que los hombres en el trabajo doméstico.

¨       Por ejemplo las mujeres que no que no participan en actividades remuneradas dedican un promedio de cinco horas diarias más a la semana al trabajo doméstico que las que sí trabajan fuera del hogar.

¨       Para las mujeres que no trabajan fuera del hogar, la primera actividad les lleva 20 horas semanales y la segunda 16, y las que trabajan en actividades remuneradas, entre 15 y 12 horas, respectivamente. “cocinar y preparar los alimentos” para la familia es una labor que requiere de tiempo: las mujeres que no trabajan extradomésticamente le asignan en promedio 15 horas, y las que si trabajan fuera del hogar, 12 horas.

Quisiera terminar por dejar al lector con una reflexión sobre las actitudes y valores que está transmitiendo de generación a generación, está muy claro la disparidad que se está viviendo en México (número 99 de 134 en el  índice de disparidad entre géneros a escala internacional; The Global  Gender Gap 2009), y los intentos por lograr un cambio positivo para el bien de todos y todas (INMUJERES). Todo esto será posible cuando despertemos conciencia de una cultura hacia  la equidad.


[1] Género. Siendo el conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construye en cada cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual; por tanto, pueden modificarse dado que son tareas o actividades que se espera realice una persona por el sexo al que pertenece (INMUJERES, 2004).

[2] Rol, papel que desempeña una persona en la sociedad.

[3] ENDIREH 2003 y 2006, se usó la consulta de las dos versiones de información; la primera sobre la percepción por parte de las mujeres de sus deberes, responsabilidades y obligaciones en el hogar, la segunda, del trato que deben recibir por parte de su parejas, (ambas indagan si la entrevistada padece o no situaciones de violencia de género).

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