Música que provoca: Radiohead, la insaciable sed de cambio

radiohead

Javier Sevilla

 

Y les llegó el éxito y no descansaron, tal vez no lo buscaban, tal vez no era su meta, pero les fue inevitable obtenerlo; es el resultado de no caer en el conformismo, el  no estancarse con las fórmulas musicales probadas y aceptadas por los oyentes cautivos que ahora somos, para muchos no fue fácil asimilarlos, somos renuentes a los cambios por naturaleza, encontramos la comodidad y nos aferramos a ella, caemos en el facilismo y dejamos de explorar, de arriesgarnos, hasta que encontramos retos y nos decidimos a romper paradigmas.

 Este proceso es una constante en Radiohead y su paso evolutivo, sus metas son ir creciendo, arriesgando y proponiendo, sobre todo este punto, la parte fundamental del proceso creativo, dada la dificultad que es innovar y logar la aceptación del escucha, aquí la palabra clave es considerar y más que prestar, entregar los sentidos para apreciar sus diferentes etapas, Radiohead no es para oídos poco tolerantes ni espectadores pasivos, su trabajo exige, y mucho, de atención.  Desde su inicio la banda lo tuvo claro, Pablo Honey es una alegoría a la etapa juvenil,  “Anyone can play guitar” es un grito de todo chavo con ganas de tocar una guitarra y parecerse a sus héroes (Jim Morrison), el sentirse extraño y falto de pertenencia, pero también amado y que se le escuche, el que se queja y olvida cual era su clamor, el que no quiere ser un vegetal, pero quiere estar muerto.

  Con el éxito vino la exigencia y las comparaciones, ellos prefirieron girar la tuerca, ir a contracorriente. Sabemos que hacer bailar es fácil, y apostaron por cantarle al dolor con The Bends. Un álbum cargado de tristeza y pasión enfermiza,  el principio de un alud caótico y tortuoso que vertiginosamente nos llevó a sufrir con placer el encuentro de Ok Computer, nos contagió de su depresión y de su protesta en cada tema, nos mostró la pérdida del lado visceral de la vida, el cambio a una repugnante carrera por la dependencia en pos del consumismo obsesivo de lo material, visiones de un mundo falto de sentimientos y de emociones, la robotización de nuestro accionar cotidiano, pero al mismo tiempo nos mostró las paranoias y los miedos que acompañan la vida, y nos llenó de terror la reflexión al procesar sus canciones.

  Kid A llegó acompañado de experimentaciones, ya no voy a pluralizar, me desconcertó, me dejó impávido de emoción, me llenó de sorpresa, me iluminó la cara y me despertó el apetito, me recordó el placer de sentir la plenitud de la satisfacción, es un disco orgánico y orgásmico, un disco que da vida, el atrevimiento en pos de la aventura, su mensaje no ha cambiado y sí la forma musical en un difícil cuarto disco de las bandas exitosas, fue la continuación para dejar atrás su pasado roquero, experimentando ahora con la electrónica, tanto que les alcanzo para sacar Amnesiac, un disco poco entendido y muy criticado y a mi gusto un amasijo de formas y texturas tan caóticas como prudentes, un concienzudo trabajo de composición donde la idea es perdernos en el laberinto que toma el sonido a su paso por nuestros oídos, el espacio fértil de las posibilidades sonoras que precedieron a Hail To The Thief,  que sin embargo fue un regresión al rock y a la rabia de sus letras denunciantes, acompañadas ahora de una pulcra claridad musical, un álbum menos aprensivo que sus predecesores, más emotivo y menos triste, la sabiduría de saber decir las cosas sin exaltaciones, con rencor sí, pero políticamente correcto. 

 Es cierto que en su historia hay  inconsistencias, mínimas si quieres, pero las hay, lo importante es que nunca serán tantas como para perderles el afecto, el sentimiento recíproco de una banda que comparte, como en los viejos tiempos su In Rainbow, un disco tan emotivo que muestra el lado humano de sus creadores, yo vislumbre mi juventud regalando casetes a mis amigos, porque había que compartir lo que me gustaba y porque recordé cuando el hacerlo me hacia respirar hondo, sentir la satisfacción que da, el fresco viento del cambio.

Una respuesta a “Música que provoca: Radiohead, la insaciable sed de cambio

  1. Voluntaria o Involuntariamente Radiohead comenzó a trazar su camino y su propia categoría cuando se les estigamtizó como los raritos, los outsiders, los no comerciales.

    Esa condición de extranjero, de ser otro en otras circunstancias, les concedió la enorme virtud de contar con un mundo particular y propio que podían (y pueden) reconstruir las veces que quieran.

    Muy buen artículo Javier, concuerdo completamente con tus conceptos y tus recuerdos. En especial con ese de los cassettes. ¿Sabes? hace tiempo llegó a mi blog una amiga que había olvidado, (y que honestament no se muy bien quien sea) pero a la que le regalé un cassette hace muchos años.

    Como seguramente entenderás, ese tipo de cosas provocan una sonrisa y te hacen darte cuenta de que ciertas cosas, como compartir y contagiar la música valen la pena.

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