Equidad de género. Un poco de historia
Beatriz Bonfil Castro
Las mujeres, en la actualidad, conocen la lucha constante de nuestro género buscando la equidad. Saben, por ejemplo, que aún se descalifica su trabajo pagando por él menos de lo que se paga a un varón. Y el reclamo diario de grupos organizados para conseguir avances en este campo es parte del panorama político y social en nuestro país y el mundo.
Sin embargo ese panorama ha cambiado al correr de los años. Nací en la primera mitad del siglo XX y he presenciado esa lucha y sus resultados. Me consta que hoy disfrutamos de ventajas, sobre todo laborales, que hace algunos lustros no se tenían: los derechos ciudadanos de votar y ser votada, la licencia por maternidad, las guarderías proporcionadas por los centros de trabajo, etc.
Me tocó ser espectadora de las polémicas desatadas por quienes encabezaban los grupos feministas y cómo fueron penetrando en la coraza que protegía la tradición sobre el papel que correspondía a cada sexo en la sociedad. Ví cambiar leyes y lanzar decretos que procuraban a las mujeres mejores condiciones en sus empleos. Y también observé los cambios que, paulatinamente, se fueron dando en las costumbres y el pensamiento de los integrantes de dicha sociedad.
Los matrimonios se empezaron a formar por parejas de trabajadores que aportaban ingresos monetarios al bienestar doméstico y eso cambió en mucho las costumbres familiares. En un principio la “mujer emancipada” que lograba su realización personal en un trabajo fuera de casa, conseguía simultáneamente una doble jornada porque sus labores domésticas seguían vigentes. Así, mientras el marido llegaba exigiendo comida caliente en la mesa, ropa limpia y planchada, niños aseados y tranquilos, ella debía hacer magia con su tiempo para cumplir con las obligaciones “propias de su género”. Reeducarse en ese campo fue un largo y sinuoso camino porque la tradición y el ejemplo imponían límites a la conducta al respecto en hombres y mujeres.
Nuestros jóvenes aprendieron. Ahora, con frecuencia, comparten labores dentro y fuera del hogar y pocos hombres consideran deshonroso hacer la compra, cocinar o atender a los hijos desde que nacen. Sin embargo la equidad sigue sin ser completa porque a la mujer le corresponde siempre el mayor peso en el trabajo de la casa, pero que ha habido avances es innegable.
Un importante aspecto del cambio reside en la actitud. En sus inicios los grupos feministas eran beligerantes en grado sumo. Tal vez tenían que serlo para conseguir que los escucharan. Hoy en día ese tono se ha suavizado. Probablemente esa aceptación de los derechos femeninos, al permear hasta las capas dominantes de gobierno y empresas, propició cambios que se reflejan en las formas de lucha y reclamo. La mujer se autovalora más y exige lo que sabe justo, y esa seguridad le da mejores armas. No es ya, generalmente, una lucha contra los hombres, sino que ahora pretende ser una lucha compartida con los hombres, desde una posición de igualdad.
Sé que hablo de lo que sucede en algunos estratos sociales, que a la mujer campesina, indígena o en pobreza extrema le ha llegado poco de este progreso conquistado por la mujer citadina de clase media. Reconozco cuánto queda por hacer entre las más desprotegidas mujeres en este país. Confío en que lo alcanzado hasta hoy por las mujeres en materia laboral y en su entorno doméstico de ciertos medios, siga permeando para que se le reconozca a toda mujer mexicana el derecho a decidir sobre su actividad, su vida y su cuerpo.
Lo cierto es que en esta primera década del Siglo XXI, las mujeres disfrutamos del fruto de la lucha constante de asociaciones y grupos de mujeres que lograron las mejoras con que se vive y trabaja, y que deberemos continuarla hasta obtener la verdadera igualdad de género.
Fritos
Samantha Isabel García Delgado
La instalación, “Fritos,” trata sobre ese machismo institucionalizado. Esta pieza en particular juega un poco con la estructura del lenguaje y de los roles de género. Ataca al machismo de forma directa y lo cuestiona al ponerlo en una posición donde no se encuentra mas en dominación de la mujer. Creo que la creación de esta instalación proyecta muchas frustraciones que todas las mujeres hemos sentido en más de una ocasión. Aunque esta pieza es muy diferente en iconografía con respecto a mi ultima serie, fue hecha con las misma intenciones. Los senos que aparecen con más frecuencia en mi trabajo son representantes de los dos principales roles de la mujer, el rol maternal y el rol sexual.
Mi ultimo trabajo ha sido basado en el cuestionamiento de los roles establecidos en la sociedad acerca de la mujer y la desigualdad que estos roles provocan. Como socióloga, abordo la desigualdad de géneros de dos diferentes perspectivas. La primera seria analizar el modo en que los hombres y mujeres crecieron y el como fueron aprendiendo a continuar con esa desigualdad de géneros. La segunda encuentra como factor determinante la forma en cómo la sociedad está estructurada. Las dos formas de discriminación de géneros están completamente relacionadas. Una da pie a la otra. Para combatir este tipo de desigualdad es necesario un cambio en la estructura del mismo sistema. Personalmente, he interpretado el arte como una institución y desde sus entrañas produzco con las más altas pretensiones de contribuir a un cambio sobre la posición de la mujer en la sociedad.
Estudio sobre la conformación del género. Análisis y crítica actual
Foto: Natalia Ceballos
Ruby Hernández Castillo, estudiante de la carrera de Antropología de la Universidad Humanista de las Américas, Monterrey, Nuevo león. México.
Todos sabemos que la humanidad tiene dos variantes principales: hombre y mujer. Puesto que la mayoría de las diferencias existentes entre hombres y mujeres pueden reflejar expectativas culturales y experiencias, muchos investigadores prefieren hablar de diferencias de género[1], reservándose el término diferencias sexuales para las puramente biológicas. Desgraciadamente las influencias culturales y biológicas no siempre están claramente definidas, por lo que a veces es difícil saber qué término usar. Siempre y cuando las sociedades traten de forma diferente a hombres y mujeres, no seremos capaces de separar los efectos de la biología de los efectos de la cultura, y ambos pueden estar presentes.
Dentro del tema sobre el papel del género es importante destacar las actividades productivas y domésticas, mismas que construyen la identidad de cada uno, dentro de un marco teórico de la antropología y demás ciencias, se destacan varias explicaciones que fundamentan las asignaciones de las sociedades a la división del trabajo según hombre-mujer. Debido a estas normas de asignación, claramente influenciadas por los factores culturales, hablamos de ellas como roles[2] de género. Resultando de particular interés la división del trabajo, realizada en muchas sociedades de manera similar, y la pregunta que podría surgir es: ¿por qué hay patrones universales o casi universales para tales divisiones?, para esta clase de preguntas existen teorías que individuales o combinadas, parecen explicar mucho sobre esta división, pero no satisfacen por completo, puesto que cubren una parte de estos fenómenos sociales. Presento algunas a continuación:
Teoría de la fuerza: la mayor fuerza de los hombres y su superior capacidad para movilizarla en explosiones rápidas de energía (por su mayor y su superior capacidad para el trabajo aeróbico) han sido comúnmente citadas como la razón para los modelos universales en la división del trabajo según género. Pero esta teoría de la fuerza no es totalmente convincente, puesto que no explica fácilmente todos los patrones observados en nuestra sociedad o en cualquier parte del mundo; puesto que hay hombres que realizan trabajos que no exigen mucha fuerza física, sin contar cuántas mujeres realizan un trabajo que demanda una fuerza equivalente a la ejercida por los hombres, considerando que fisiológicamente tendrían que requerir un esfuerzo mayor; claro que existen límites de los cuales la mujer administra la fuerza y su empleo para lograr el objetivo deseado, debido a esto, la teoría no se cumple por completo.
La segunda teoría es la llamada Teoría de la compatibilidad con el cuidado de los niños. Esta teoría puede explicar por qué las mujeres no están relacionadas otras actividades más que con el cuidado de los niños; ya que algunos de los trabajos podrían resultar peligrosos para los bebés que aún lactan, en ciertas sociedades ésta continúa hasta los dos años y medio; otra posible razón dada es debido a la asignación del mantenimiento de la sobrevivencia del bebé, añadiendo a la vez, el por qué los hombres parecen asumir ciertas tareas en sociedades con especialización a tiempo completo.
Otra teoría surgida para ayudar a entender estos patrones es la teoría de la economía del esfuerzo, ésta señala que es ventajoso, si los hombres trabajan por ejemplo en la tala de árboles (que a la vez esta actividad resulta peligrosa para cuidar al mismo tiempo a un bebé o niño) que aprendan por su frecuente manejo de la materia sus propiedades, y así poder transformarla hacia su talla o uso particular, ésta teoría sugiere que resulta ventajoso para un género realizar las mismas tareas que estuvieran próximas unas a otras, de esta manera si las mujeres tienen que estar cerca para el cuidado de los niños pequeños, sería económico para ellas ejecutar otras tareas que estuvieran localizadas dentro o cerca del hogar.
Hoy en día es cada vez más difícil poder cumplir con criterios de trabajo solo para mujeres o solo para hombres, pues la necesidad que impera el cuidado, el mantenimiento, la economía y las exigencias de la sociedad, orillan a la mujer que vive en desventaja de la ayuda de un compañero, a realizar actividades más igualitarias a las que podría realizar un hombre, por ejemplo hemos visto mujeres conduciendo un autobús, mujeres en la construcción, o teniendo dobles jornadas de trabajo y complementando con las labores básicas para un hogar limpio y funcional ( y donde a la vez paga a otra mujer para que cuide de sus o su hijo). Esto claramente exige un esfuerzo físico y mental que “superaría la fuerza física de la mujer esperada” pero ha sabido explotar como parte de sus facultades y capacidades para la sobrevivencia de ella y sus hijos en la sociedad actual.
La siguiente teoría es la de la prescindibilidad, indica que en una sociedad los hombres tenderán a hacer el trabajo peligroso antes que las mujeres, pues son más prescindibles reproductivamente.
Hablando en términos generales, en nuestro mundo contemporáneo (bajo criterios específicos) ciertas teorías no son consideradas como universales, forman parte de patrones culturales tradicionales que se han ido arrastrando de tiempos atrás como respuesta a la carencia tecnológica, y como resultado, derivó la creación de estos desempeños en roles de género, pero queda por conocer y entender que ya contamos con los suficientes avances tecnológicos y estructurales sociales que faciliten la desaparición de esta estricta división de género, que permite a la mujer desempeñarse personalmente en lo que desee para su propia satisfacción, sin tener que estar bajo normativas ancestrales y heredables de restricción.
Lamas (2002:33) señala que: “se puede sostener una división básica que corresponde a la división sexual del trabajo más primitiva: las mujeres paren a los hijos y, por lo tanto, los cuidan: ergo, lo femenino es lo maternal, lo doméstico, contrapuesto con lo masculino, que se identifica con lo público. La dicotomía masculino y femenino, con sus variantes establece estereotipos, las mas de las veces rígidos, que condicionan los papeles y limitan las potencialidades humanas de las personas al estimular o reprimir los comportamientos en función de su adecuación al género.”
A continuación presento puntos esenciales de las estadísticas del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) donde muestran un alto índice de desigualdad de género, como respuesta a esto se enuncia la urgente resignificación de los patrones culturales existentes en el sistema que nos rige y del cual vamos construyendo día con día; somos responsables tanto hombres como mujeres de establecer un cambio que beneficie y encamine hacia una mejor calidad de vida, más equitativa, y llena de paz para la humanidad.
Según los datos de la Encuesta sobre la dinámica de las Relaciones en los Hogares[3], con el propósito de presentar información estadística que permita plantear, hasta donde sea posible, cuál es el impacto de los estereotipos y de los roles de género en algunos ámbitos sociales en nuestro país, así como un acercamiento a los estereotipos de los roles de género que más prevalecen:
¨ Respecto a la opinión de las mujeres, 43 por ciento de las mujeres que no sufre violencia contestó que “una buena esposa debe obedecer a su pareja en todo lo que el ordene”; sin embargo, entre las que sufren violencia por parte de su pareja, la proporción es menor, 36 por ciento. Esto podría evidenciar que la obediencia hacia el esposo genera menos violencia en la pareja, además de constatar que la asignación de estereotipos sigue en vigencia en nuestra sociedad.
¨ Otro aspecto que se investigó por medio de esta encuesta fue el grado de libertad personal de las mujeres entrevistadas, en donde se encontraron también datos significativos; por ejemplo que las mujeres que padecen violencia recurren en mayor medida a “pedir permiso” al esposo o pareja para hacer determinadas actividades relacionadas con su independencia, en comparación con aquellas que no sufren violencia. Cuando se trata de “pedir permiso para trabajar por un pago remunerado”, la proporción representa a las que no sufren violencia es de 35 por ciento, y las de mujeres agredidas 41 por ciento.
Estos aspectos muestran claramente que los estereotipos de género afectan en gran parte a las mujeres, quienes siguen tolerando que el esposo o pareja manipule en buena parte sus actividades de recreación y otorgándoles el papel de “autoridad”. A la vez es una manifestación de que hombres y mujeres siguen alimentando.
¨ A la afirmación de “el hombre debe de responsabilizarse de todos los gastos de la familia 7 de cada 10 mujeres contestó que sí.
¨ Seguido de la pregunta ¿la mujer tiene la misma capacidad que un hombre para ganar dinero?, 79 por ciento contestaron que sí, mientras que 21 por ciento afirmaron que no.
Por mencionar sobre las actividades domésticas y el uso del tiempo, aquí es donde se vislumbran claramente los roles y estereotipos de género construidos por nuestra cultura a lo largo de la historia, y que se producen día con día.
¨ Una reflexión basada en este segundo estudio es que las mujeres, independientemente de que trabajen o no en actividades remuneradas, participan en mayor medida que los hombres en el trabajo doméstico.
¨ Por ejemplo las mujeres que no que no participan en actividades remuneradas dedican un promedio de cinco horas diarias más a la semana al trabajo doméstico que las que sí trabajan fuera del hogar.
¨ Para las mujeres que no trabajan fuera del hogar, la primera actividad les lleva 20 horas semanales y la segunda 16, y las que trabajan en actividades remuneradas, entre 15 y 12 horas, respectivamente. “cocinar y preparar los alimentos” para la familia es una labor que requiere de tiempo: las mujeres que no trabajan extradomésticamente le asignan en promedio 15 horas, y las que si trabajan fuera del hogar, 12 horas.
Quisiera terminar por dejar al lector con una reflexión sobre las actitudes y valores que está transmitiendo de generación a generación, está muy claro la disparidad que se está viviendo en México (número 99 de 134 en el índice de disparidad entre géneros a escala internacional; The Global Gender Gap 2009), y los intentos por lograr un cambio positivo para el bien de todos y todas (INMUJERES). Todo esto será posible cuando despertemos conciencia de una cultura hacia la equidad.
[1] Género. Siendo el conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construye en cada cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual; por tanto, pueden modificarse dado que son tareas o actividades que se espera realice una persona por el sexo al que pertenece (INMUJERES, 2004).
[2] Rol, papel que desempeña una persona en la sociedad.
[3] ENDIREH 2003 y 2006, se usó la consulta de las dos versiones de información; la primera sobre la percepción por parte de las mujeres de sus deberes, responsabilidades y obligaciones en el hogar, la segunda, del trato que deben recibir por parte de su parejas, (ambas indagan si la entrevistada padece o no situaciones de violencia de género).
El papel de la mujer durante la revolución mexicana
Antropóloga Mónica Cecilia Robles González
Aún y cuando en la actualidad se pueda analizar los derechos en los diferentes ámbitos donde se desempeñan las mujeres en nuestro país, y observar las limitantes que faltan por superar para que exista una auténtica equidad de género en México, los logros que se han obtenido no han sido fáciles.
Ciertamente, estudios sobre los avances que la mujer mexicana ha obtenido a través del tiempo, coinciden en que la Revolución Mexicana ha sido un parteaguas para que el sector femenino se defina como parte fundamental en la construcción histórica-social y política de la nación.
Sin embargo, esta idea no es del todo cierta, ya que existen antecedentes importantes, específicamente durante el Porfiriato, donde el género femenino luchó en forma determinante para lograr status tanto sociales como laborales que anteriormente ni siquiera se soñaba con obtenerlos.
Y definitivamente las victorias revolucionarias en todos los ámbitos (militares, propagandísticos, etc.) en muchos casos fueron las mujeres, quienes arriesgaron su integridad física para obtener dichos logros.
Como se mencionó anteriormente, la transformación femenina en México no se dio precisamente en la Revolución, sino que fueron surgiendo desde finales del siglo XIX.
Tradicionalmente, en el siglo XIX, se presenta a la mujer mexicana en todos los estratos sociales con su papel subordinado al hombre, pero a finales de este siglo, la industrialización del país dio oportunidad a la mujeres de laborar tanto en fábricas como en talleres, comercios, incluso en oficinas públicas (1); y, por supuesto, dentro del ámbito magisterial ya que fue aquí precisamente (como maestras normalistas) que muchas obtuvieron la gran oportunidad de su profesionalización (2).
La industrialización daba pie al desenvolvimiento femenino fuera de sus hogares, a lo que en muchas ocasiones no era bien visto por los ojos masculinos (como se puede observar en la prensa de esa época).
Empero, en esta misma época también surgió la prensa feminista a favor de los derechos de la mujer, no solo en su función social, sino además, en su emancipación por medio del estudio y del trabajo remunerado (3).
En 1904, previo a la guerra civil, se constituye en México, la primera organización feminista llamada “Sociedad Protectora de la Mujer”, presidida por la primera abogada graduada en nuestro país (María Sandoval de Zarco), al igual que otras mujeres profesionistas que se daban a la tarea de lograr el perfeccionamiento físico y mental de la mujer en esa época. Ocupándose además de defender a la presas y perseguidas políticas (4).
Uno de los primeros movimientos políticos que dio pie a la lucha revolucionaria fue el Partido Liberal Mexicano, donde se desarrolla una intensa labor política en contra del régimen de Díaz, la cual se adhieren organizaciones de trabajadoras (integradas principalmente por maestras normalistas y obreras textiles), lo que provocó la persecución y el encarcelamiento de muchas de sus integrantes.
La presencia femenina en la Revolución Mexicana no es exclusiva de soldaderas; también trabajaron como despachadoras de trenes, telegrafistas, enfermeras, farmacéuticas, empleadas de oficina, reporteras, editoras de periódicos, mujeres de negocios y maestras (5).
Pero fue tan importante la presencia militar femenina, que incluso el Carrancismo legitimó la participación de la mujer en la contienda armada, ya que se les reconoció sus grados militares y méritos revolucionarios, lo que provocó el inicio de la integración de la representación femenina en el ámbito político.
Pero aún y con todos estos méritos obtenidos durante la Revolución y el hecho de que la mujer ayudara de manera contundente a la construcción social del país; la realidad es que el Congreso Constituyente de 1917 negó categóricamente el derecho de voto a la mujer y en consecuencia su participación política; aún imperaba el discurso patriarcal.
En cambio, hubo logros importantes en materia civil (matrimonio y divorcio), y en el ámbito laboral, que se acercaban a los derechos del hombre (6).
Y no fue, sino hasta la segunda década del siglo XX, cuando se reconoce el derecho del voto a la mujer, logrando además la participación femenina en la política, donde cabe mencionar que en 1924 Rosa Torres se erige por primera vez como presidenta de un municipio (Mérida, Yucatán), además de otras mujeres que lograron victorias en diputaciones locales en otras regiones del país (7).
Todas estas “victorias” sucedieron hace casi cien años; cabe reflexionar cuanto más hemos avanzado y cuanto más nos falta por avanzar para lograr una verdadera equidad de género en todos los ámbitos de México.
FUENTES:
1.- Vivian Vallens M., Working Women in Mexico during the porfiriato, 1880-1910, R. y R. Research Associates, San Francisco, Calif., 1978.
2.- “Estadísticas Sociales del Porfiriato”, en Mílada Bazant, et al. Historia de las profesiones en México, México, El Colegio de México, 1982.
3.- Laureana Wright de Kleinhans, fundadora y directora en 1887 de la revista Violetas de Anáhuac.
4.- Sociedad Protectora de la Mujer se constituye el 8 de febrero de 1904, en La Mujer Mexicana, año 1, núm. 9, 1905.
5.- TURNER, Friedrich. “Los efectos de la participación femenina en la Revolución de 1910″, en Historia Mexicana, v. XVI, núm. 4, México, abril-junio de 1967.
6.- Martha Eva Rocha Islas. “Presencia de las Mujeres en la Revolución Mexicana: Soldaderas y Revolucionarias “, en Memoria del Congreso Internacional sobre la Revolución Mexicana. Gobierno del Estado de San Luis Potosí / Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana de la Secretaría de Gobernación.
7.- Miriam Martínez Méndez. Las Mujeres en la Revolución Mexicana de 1910 y en el Movimiento de Mujeres Feministas de los años veinte. Red Nacional de Género y Economía
Amar en la crisis
Visión Apreciativa

Andrés Juárez Ríos
Tenemos como seres humanos un diseño de talento, valores, fortaleza… en si tenemos recursos para sobreponernos a todo tipo de carencia. El arte es un maravilloso recurso que está la disposición de todos los credos, las ideologías, las formas de pensar. Todo el amor que nos tenemos es cuestión de voluntad.Voluntad por aceptar lo que viene, voluntad para cambiar la actitud ante lo que no cambia, pero también tenemos la capacidad de usar la voluntad para amarnos y cuidarnos y no permitir que lo que falta, se arraigue en nuestro ser. Amar la cultura es una forma de voluntad. La cultura es forma de ser y de actuar, el hogar es un maravilloso escenario para desarrollar un poco del mucho potencial que tenemos. Ahí, aquí en la casa, se manifiesta nuestra cultura de ser humanos. Donde creamos oportunidad, es donde manifestamos que somos muy valiosos como humanos y que las pruebas nos fortalecen,nos hacen maravillos y potenciales. porque le damos un enfoque de aprecio a lo que vivimos, porque disfrutamos de los que hacemos, de lo que tenemos, porque nos empeñamos en sentirnos satisfechos con lo que obtenemos sin dejar de luchar..como luchan los artistas con su arte, muchos, incomprendidos, porque no dejan de insistir, de perseverar de manifestar su amor con las obras diarias. El amor por la vida es experimentación activa. El arte es manifestación diaria de amor por la vida, por crear evidencia que no hay crisis que resista hasta 16 horas de trabajo diario que se traduce, en beneplacito, disfrute, logro, gozo en si llenarnos de plenitud, cuando entendemos que amar es insistir donde los demás desisten. Desde el hogar podemos manifestar el arte de amar, con los ejemplos, con lo que hacemos con el gran sentido que le damos a la vida, sobre todo cuando al vivir el arte en todas sus dimensiones, cultivamos el ser..nuestro ser maravilloso en todos los sentidos. Amar es arte. El arte de amar, son productos, hechos, realidades… Res, non verba…
Persistencia de los Huehuetlatolli o el matrimonio en la cultura náhuatl contemporánea

Georgina Mendoza de la Garza
Un aspecto importante en la educación de los nahuas, era que todo el aprendizaje tenía una finalidad o razón de ser. Su método de enseñanza se basaba en el consejo, en el conocimiento y en la persuasión y todo el conocimiento, está representado en los códices por medio de imágenes, símbolos y jeroglíficos.
Hasta la edad de 14 años, los padres se encargaban de la educación de sus hijos, siendo supervisados por las autoridades de su calpulli (antiguos barrios aztecas). La educación estaba basada en los Huehuetlatollis, ó “palabras de los viejos”, que representaban los ideales aztecas (López Austin, 29).
“Los Huehuetlatolli también conocidos como los Libros de Consejos, eran una colección de dichos, discursos y consejos, con éstos se pretendía establecer normas para toda ocasión; habían palabras para recibir al recién nacido y para despedir a los fallecidos, habían desde los modales de mesa hasta la forma de comportarse de las mujeres.” (León Portilla, 34). También contienen invitaciones dirigidas a los hijos que lleguen a determinada edad.
En los Huehuetlatollis los padres recomendaban a sus hijos a ser trabajadores y humildes, y las madres recomendaban a sus hijas a ser limpias, a no maquillarse demasiado y a apoyar a sus maridos sin importar si eran pobres o humildes.
Cualquiera pensaría que esas tradiciones son parte del pasado y que se conservan sólo como acervo histórico del México antiguo, pero no es así, en muchos pueblos indígenas y campesinos del México actual, sobreviven algunos de estos consejos que se han heredado de generación en generación y, aunque en muchos casos se dicen en español, guardan la esencia de la antigua palabra.
Estos consejos o discursos eran aprendidos de memoria y eran usados para ocasiones muy especiales, tanto para la educación de las hijas y de los hijos, como para interactuar entre personas de alto rango en momentos muy especiales.
Al leer “la palabra antigua” es posible penetrar en los valores morales y éticos de las comunidades, conocer los roles que tenían que cumplir los jóvenes, sus responsabilidades y compromisos con la familia y con el cónyuge.
Así pues, está tradición de aconsejar sigue vigente y continua siendo una tradición que es posible constatar al convivir en las comunidades donde habitan indígenas nahuas. Para los fines concretos de este texto se hará referencia específicamente al grupo nahua originario del pueblo Chahuatlán del Municipio de Ilamatlán Veracruz, con quien una servidora tiene la fortuna de convivir por cuestiones de trabajo desde hace cuatro años. Está comunidad está asentada en la colonia Arboledas de los Naranjos en municipio de Juárez y es altamente grato percibir que esta tradición oral persiste transmitiéndose de generación en generación y que además se ha ido adaptando a las temáticas a la vida urbana.
En la cultura náhuatl, un buen matrimonio y la formación de una familia ejemplar son los ideales máximos a los que les enseñan a aspirar desde pequeños. Los nahuas que viven en el área metropolitana de Monterrey conservan también estos valores y promueven estos ideales entre las nuevas generaciones. La gran mayoría de los jóvenes nahuas que actualmente contraen matrimonio aquí en Nuevo León, lo hacen con alguien de su mismo grupo étnico que viva aquí en el estado, en Veracruz, o en Tamaulipas, pero son pocos los casos en los que contraen matrimonio con una persona mestiza u originaria de otra cultura. Sí de un pueblo distinto, pero por lo general de la misma cultura.
Así pues los temas: matrimonio y familia en la actual cultura nahua están íntimamente ligados al de educación y de ahí parte su formación integral. Esto se afirma según lo visto y vivido en el transcurso de estos cuatro años y asimismo según los testimonios de las mujeres nahuas con las que una servidora se ha relacionado y ha entrevistado para profundizar un poco más sobre este tema, más en este texto se omitirán sus nombres por haber ellas mismas solicitado que así sea.
Cuando una pareja va a contraer matrimonio, las familias involucradas organizan todo un ritual que dura dos días y una noche y es en este gran evento que sale a relucir toda la tradición y carga cultural de este pueblo, es el momento en que los contrayentes se preparan para poner en práctica todo lo que han aprendido durante su vida. Todo se planea y se desarrolla comunitariamente, desde la comida, el adorno y la música, hasta la asignación de las personas que van dar consejos a los recién casados. Por lo regular, lo hacen personas consideradas ejemplares entre la comunidad, personas que por su estilo de vida, convivencia como pareja y padres de familia se han ganado el respeto y admiración de los demás. La idea es que los recién casados puedan tener una suerte similar a la de ellos, que sus vidas se conviertan en el ejemplo a seguir del nuevo matrimonio, quienes idealmente se casan con el propósito de llegar a ser tan ejemplares como quienes los aconsejan. Es claro que este ideal no siempre se logra, sobre todo en los casos de matrimonios arreglados, que lamentablemente se siguen practicando, aunque cada vez en menor número.
Los padres del novio y de la novia también dan consejos a sus yernos y/o nueras, pero lo hacen sobre temas más específicos, como el trabajo, la cocina, el cuidado de los hijos, etc. “La mamá de la novia le pide a su consuegra que enseñe a su hija a cocinar lo que le gusta a su hijo, que le explique cómo debe vivir, que tiene qué cuidar a sus hijos, ser limpia, respetar a sus suegros…” explica una de las entrevistadas, quien pertenece a la comunidad en mención.
El fragmento que se presenta a continuación se transcribe literal por lo significativo del discurso que sostuvo una de las entrevistadas: “A mi me gustaría que me hijo se casara con una del rancho, porque somos diferentes a las mujeres de aquí. Nosotras sabemos lo que quiere decir cuando una persona se casa, sabe por qué lo hace, porque sus papás, desde que están chicos les empiezan a decir que el matrimonio es un compromiso muy grande. Tú debes de saber lo que significa un matrimonio para casarte. Nosotros además somos muy católicos, al momento de decir: “sí acepto” significa que ya acepté ante Dios. Ponle que la ley de los hombres se anula, pero la de Dios no, el matrimonio por la Iglesia es sagrado, por eso, cuando dos personas se casan deben estar bien seguras de que se quieren y que quieren estar juntas, porque se están comprometiendo ante Dios y nosotros sabemos eso, en cambio, las mujeres de aquí, y los hombres también, ven la boda por la Iglesia sólo como parte de toda la fiesta. Por ejemplo, aquí hay muchas que se casan, y aunque se casan por la Iglesia se dejan, porque en realidad no saben lo que es el matrimonio y, de rato, como si nada trae otro y se casan con otro y lo vuelve a dejar. No está bien eso de casarse un ratito y luego otra vez. Las muchachillas de aquí, que se visten (hace señas de vestimenta corta y descubierta), que andan tarde en la calle con uno y con otro, esas no son mujeres de hogar y por eso no saben lo que significa el matrimonio. A nosotras, desde chiquitas nos dicen: te debes de portar bien, te debes dar a respetar y así día con día van aprendiendo de la vida. Yo sé qué debo hacer, sé cuando algo no está bien, no hacer lo que tú quieras. Es responsabilidad de los padres educar bien a sus hijos, enseñarles cómo darse a respetar, cómo debe tratarse con las distintas personas”.
Así pues, podría decirse que el matrimonio y la conformación de una familia de acuerdo a la cultura nahua tradicional sería ideal y ejemplar si en todo momento los contrayentes fueran los únicos en decidir su unión de acuerdo a sus sentimientos y convicciones y no por factores externos como la presión familiar (en esos casos también se aconseja a la novia a amar y respetar a su esposo, como si fuera algo que basta con proponérselo) o algún error de adolescencia (no necesariamente embarazo, sino todo aquello que en su contexto se pueda considerar deshonroso), pues además de que se trataría de una decisión tomada por amor y convicción propia, si se añade a esto la educación, valores y costumbres de su cultura y que ambas partes son educados para formar matrimonios y familias sólidas, pues seguramente sí sería ideal y armonioso, pues el matrimonio no se concibe de otra forma.
Fuentes:
LEÓN Portilla, Miguel. HUEHUEHTLAHTOLLI testimonios de la antigua palabra. SEP/FCE México. 1991
LÓPEZ Austin, Alfredo. La Educación de los Antiguos Nahuas 1 y 2. (Biblioteca Pedagógica. SEP/Ediciones El Caballito. México. 1985.
Entrevista a señoras de la comunidad. Junio de 2007.
AMA. Obra pictórica
Arturo Medellín Anaya
A lo largo de mi vida como artista, con sus altibajos y yerros, he podido encontrar luego de larga búsqueda, la profunda relación que hay entre la creatividad y el desarrollo espiritual. Las obras que ahora ofrezco para su venta nacen del SER y tienen una INTENSIÓN y un PRÓPOSITO.
En todas y cada una de ellas he puesto a prueba una técnica meditativa que me ha permitido expresar mi realidad espiritual, más que hacer una representación material de la existencia cotidiana.
Gracias a una muy querida amiga he encontrado un camino que me ofrece la oportunidad de crecer en 7 aspectos fundamentales de la VIDA, es un entrenamiento a la vez doloroso y espléndido que abre puertas a lo insondable y al volverlo tangible nos devuelve la dignidad con que hay que transitar la experiencia material de nuestro espíritu.
Mi INTENCIÓN es continuar el camino iniciado hace apenas unos días y recorrerlo en el tiempo ideal que demanda su realización. El PROPÓSITO es llevarlo a cabo con el producto de la venta de estos cuadros, que son también, las huellas de un camino ascendente que me llevó a entroncar con esta nueva oportunidad de crecimiento y realización.
Recibe de antemano un agradecimiento del corazón y espero que seas poseedor de una obra que es mensajera del mundo mejor que todos merecemos.

El oro de los peces por la tarde. 122 x 122 cm
Acrílico sobre masonite.

Cuatro milagros en la ventana. 122 x 122 cm
Acrílico sobre masonite.

Lluvia de estrellas. 122 x 122 cm
Acrílico sobre masonite.
De recetas de cocina y otras cosas

Lic. Psic. Luisa P. Chávez Barrera
Hablamos constantemente de igualdad en hombres y mujeres, principalmente el de las mujeres por todos los altibajos que se han envuelto especialmente en éste género.
Desde niñas se nos instala un estereotipo como futuras amas de casa; nos compran tazas para el té, cocinas de mentiritas, jugar a la familia; inconscientemente implantan en las pequeñas el deseo de terminar una carrera y no ejercerla ya que sigue el matrimonio, así que los deseos inmediatos de las menores se convierte en encontrar al príncipe azul y ser una excelente esposa, madre y ama de casa. Posteriormente cuando se vislumbra la capacidad de formar un criterio, se inculca que cualquier comportamiento erróneo del marido hacia la mujer debe ser justificado, pues el matrimonio es para toda la vida y no importa que el hombre la maltrate física o psicológicamente, ya que le debe una lealtad incondicional. Desde ese momento cualquier mujer pierde su autonomía y su libre pensamiento, por seguir una norma impuesta en la sociedad. Antes podías echarles la culpa a tus padres del fracaso de tu matrimonio porque ellos precisamente se encargaban de escoger al candidato ideal; pero ahora, que no estamos sometidos a esas normas, con mayor razón debemos ser capaces de tener un panorama distinto y más amplio.
He de mencionar que hombres y mujeres desde luego son distintos tanto biológica como psicológicamente; pero en derechos y libertades de pensamiento para con la sociedad y para con ellos mismos, son iguales, puesto que poseen la misma capacidad de pensar y anhelar.
Existió una mujer con el pseudónimo Olympe de Gouges precursora de los derechos de la mujer nacida en Francia un 7 de mayo de 1748; uno de esos derechos era la libertad del voto en la mujer. En el año de 1953 en México, apenas pudimos tener ese derecho. Hay avances en distintos aspectos, de nosotros depende tanto en mujeres como en hombres que no pasen siglos para verse convertidos en realidad.
Entonces lo que nos queda por hacer a las generaciones venideras no es implantar un libertinaje como muchos lo consideran; sino un despertar de conciencia de que cada individuo merece el mismo respeto, que cada persona tiene diferentes formas de pensar y ante eso cada quién puede formar un juicio. Porque tus planes como mujer no se limitan sólo a ser madre, sino a superarte personal y profesionalmente. Me ha tocado escuchar a mujeres que erróneamente piensan que se realizan como mujer al tener un hijo, de lo que estoy en total desacuerdo, entonces ¿las mujeres que son estériles, nunca se realizarán? Al contrario, cada mujer y cada hombre tiene metas y de cada quién depende el desarrollarse en cualquier ámbito, tal vez siendo madres, tal vez siendo excelentes profesionistas, magníficas artistas y así un sinfín de caminos por escoger, todos desde luego válidos desde su perspectiva. Al igual debe ser con los hombres, que su meta no sólo sea buscar una mujer ideal que esté en casa atendiendo a sus hijos, sino una mujer que también piensa y razona y pueda aportar no sólo en el ámbito hogareño sino económicamente como profesionista, como persona.
Es verdad que se respiran aires nuevos pero también parece que aún reverbera cierta inequidad en el pensamiento de muchos.




